Mercados en el primer semestre: una tormenta casi perfecta

(Reuters) – Los inversores sabían que, tras dos años de caos por el COVID-19, el 2022 iba a ser muy agitado, pero nadie esperaba esto: el primer semestre más turbulento que han visto los mercados mundiales.

Para comprender lo tórridas que han sido las cosas, consideremos dos cosas. El índice de acciones mundiales MSCI, que sigue a los mercados de 47 países, ha sufrido su mayor caída del primer semestre desde su creación en 1990.

Al mismo tiempo, los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años -la referencia de los mercados mundiales de préstamos y el activo tradicional al que se recurre en tiempos difíciles- han tenido su peor primer semestre desde 1788.

¿Por qué? La invasión a Ucrania por parte de Rusia sobrecargó lo que ya era una inflación en rápido ascenso, empujando a los grandes bancos centrales a subir las tasas de interés y a los políticos a advertir de nuevos órdenes mundiales.

¿El resultado? Un descalabro de 13 billones de dólares en las acciones mundiales, un desplome del 15,5% del yen japonés, la peor liquidación en Italia desde la crisis de la zona euro y lo que se perfila como el mayor repunte de las materias primas desde la Primera Guerra Mundial.

A esto hay que añadir la expulsión de Rusia del sistema financiero mundial, la rebaja de la calificación crediticia soberana de ese país (la mayor jamás vista), la masacre vista entre las criptomonedas y las acciones de las grandes empresas tecnológicas, y el aumento del temor a una recesión.

«Es más o menos la tormenta perfecta», dijo Daniel Wood, gestor de carteras de deuda de mercados emergentes de William Blair, que también está teniendo el peor primer semestre de su historia. «La volatilidad se ha disparado».

El drama se desató en cuanto quedó claro que el COVID no iba a volver a cerrar la economía mundial y que el banco central más influyente del mundo, la Reserva Federal de Estados Unidos, se tomaba en serio la subida de las tasas de interés.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años, que son los que determinan los costos de los préstamos en todo el mundo, saltaron de menos del 1,5% al 1,8%, lo que restó un 5% al índice de acciones mundiales del MSCI sólo en enero.

En la actualidad, ese rendimiento es del 3,1% y las acciones han caído un 20%. La inflación se encuentra en el nivel más alto de los últimos 40 años y la Reserva Federal va rumbo a implementar el alza de tasas de interés más rápida desde 1994.

Los bonos del Tesoro han perdido más de un 13% en precio, la mayor pérdida desde que se ratificó la Constitución de Estados Unidos en 1788, según el Deutsche Bank; los bonos italianos han sufrido una hemorragia del 25% en preparación de la primera subida de tasas del Banco Central Europeo en más de una década; y la deuda de los mercados emergentes ha bajado casi un 20%.

«No se espera que los bonos gubernamentales pierdan más del 10% en seis meses», dijo el estratega global de JPMorgan Asset Management, Hugh Gimber. «Este es un territorio desconocido para la mayoría de los inversores. Los bancos centrales han visto a los mercados bajo presión y no han reaccionado. Eso es lo que es diferente».

CICATRICES

La gran fortaleza del dólar le ha hecho subir un 9% frente a una cesta de divisas mundiales en el primer semestre, y ha subido un 15,5% más frente al yen japonés, que ha alcanzado su nivel más débil desde 1998.

La inflación y los problemas políticos de Turquía han hecho perder a la lira otro 20%. Egipto, uno de los mayores importadores de trigo, se ha visto obligado a devaluar su moneda más de un 15%, mientras que en el otro extremo del espectro el rublo ruso ha subido, en el papel, un 40%.

Sin embargo, esto no es un reflejo exacto de su valor, ya que las sanciones occidentales por la «operación militar especial» en Ucrania y los controles de capital internos de Rusia hacen que la moneda ya no pueda transarse libremente. De hecho, sólo dos divisas han subido frente al dólar con cierta seguridad: el real brasileño y el peso mexicano, que se han apreciado un 6% y un 2%, respectivamente.

Mientras tanto, los mercados de criptomonedas se han visto afectados por los recientes colapsos de las «criptomonedas estables» TerraUSD y Luna, y el desplome del 55% del bitcóin este trimestre.

POSITIVOS

En muchos sentidos, todo se debe a los mercados de materias primas, donde las subidas del 50% y el 60% del petróleo y el gas están alimentando la inflación mundial.

Esta ha sido la mayor ganancia del primer semestre para el crudo desde 2009. Pero a eso hay que añadir los saltos del 20% y el 30% del trigo y el maíz, y algunas violentas presiones en los metales. Así, BofA estima que las materias primas en su conjunto van camino de su mejor año desde 1915.

Sin embargo, la angustia de la recesión está empezando a carcomer. El cobre se ha hundido casi un 20% desde marzo, lo que supone su mayor caída trimestral desde el desplome de principios de 2020 debido a la pandemia, y el níquel y el zinc han restado un 20% y un 25%, respectivamente.

El analista de materias primas de BofA, Michael Widmer, dice que es probable que haya más volatilidad, en gran parte debido a la oferta limitada. «Los próximos 6 meses van a ser especialmente problemáticos», advirtió.

Sin embargo, algunos intentan ver los aspectos positivos.

Las alicaídas acciones chinas están en la cúspide de la definición tradicional de un mercado alcista, ya que han subido casi un 20% desde su mínimo.

Por su parte, Jim Reid, de Deutsche Bank, destacó que los cinco peores desempeños del S&P 500 estadounidense en un primer semestre, antes de la caída de casi 20% de este año, fueron seguidos por grandes repuntes.

«En orden de caídas en el primer semestre, vimos 1) 1932: H1 -45%, H2 +56%, 2) 1962: H1 -22%, H2 +17%, 3) 1970: H1 -19%, H2 +29%, 4) 1940: H1 -17%, H2 +10%, 5) 1939: H1 -15%, H2 +18%», dijo Reid.

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